lunes, 9 de abril de 2018

¿Oro en Baztan?


Un geólogo francés realizará una exploración en el paraje Aritzakun para intentar confirmar la existencia de yacimientos auríferos 

Las aguas de la regata de Aritzakun arrastran pepitas de oro, de acuerdo con documentos que se remontan al tiempo de la presencia de los romanos. (J.M.ONDIKOL/L.M.SANTAMARÍA)

¿Hay oro en el Valle de Baztan, y sería rentable su explotación? Testimonios históricos que datan de la presencia de los romanos en la Península Ibérica, documentos fechados en los albores del siglo XVI y apenas hace 75 años así lo confirman y sitúan en Aritzakun y Urritzate, dos valles cerrados en la parte septentrional del macizo de Gorramendi. Un arqueólogo francés, Gilles Parent, de Souraide (Zudaire, cerca de Ezpeleta y Senpere en Laburdi) proyecta ahora realizar dos sondeos en el paraje Arlepo, para lo que ha obtenido autorización del Gobierno de Navarra y de la Junta General de Baztan.

“Al nordeste del Valle de Baztan y limítrofe con Francia se halla una amplia extensión de terreno fuertemente erosionada, formando dos pequeños valles, llamados Aritzakun y Urritzate;se hallan situados entre las cordilleras de Iparla y Gorramendi, y las ondulaciones formadas por las cumbres de El Camino de Napoleón”, como lo ha denominado desde antiguo el imaginario popular. El texto entrecomillado le pertenece al padre Inocencio de Etxebarri (en el mundo, Vidal Pérez de Villarreal) que sirvió en el Colegio de Lekaroz y estudió con singular dedicación y fecundidad muchas de las más relevantes páginas de la historia, usos y costumbres del Valle de Baztan.

En esos valles se localizan los antiguos vestigios mineros y es ahí donde Gilles Parent se propone llevar a cabo sus prospecciones. “Se trata de dos sondeos en el sitio de las minas de oro, cerca de la carretera NA-2655, uno en obras subterráneas, el otro en el fondo de una foz, en zona de extracción a cielo abierto”, explica. Ese “lugar de las minas” conocen los baztandarras por Minetako Zokoa, abajo de la borda de Arraxka y al otro lado del riachuelo principal es donde “señalan un manantial al que denominan Urreputzu o pozo del oro”.

En una de sus publicaciones (L’Or en Pays Basque) el ingeniero francés Georges Vié dice: “probablemente, en época muy antigua se ha explotado el oro en uno de los numerosos valles que se forman en las inmediaciones del collado de Maya, juntándose (sus aguas) para formar la regata de Aritzakun, que desembocará en el Nive (el Errobi de los euskaldunes) de Bidarray (en la Baja Navarra)”. De Georges Vié recoge el padre Inocencio que analizadas esas tierras de aluvión “dan por término medio de 0,5 a 1 gramos de oro por tonelada. Se ha recogido alguna muestra que presentaba hasta 1,5 gramos por tonelada”.

“Finalmente, en la regata de Aritzakun, que desciende del macizo de Gorramendi (donde ahora quiere investigar Gilles Parent), Pierre Lamare me ha enseñado experiencias de lavado de minerales bastante recientes, que habrían permitido identificar algunas pepitas en los aluviones”. Una de las prospecciones parece que se patrocinó por Modesto Liquiniano, activo empresario nacido en Bera en 1895 y fallecido en 1968, que fue el mayor impulsor en materia hidroeléctrica de la cuenca del Bidasoa.

Son muy numerosas las referencias sobre hallazgos auríferos en estos parajes. El romano Plinio El Viejo, Esteban de Garibay, y más recientemente el capuchino Eulogio Zudaire, Manuel Irigoyen (secretario que fue del Ayuntamiento de Baztan) y José María Iribarren, transcriben una carta del Virrey de Navarra donde se cuenta que “en el Valle de Baztan (...) hay un pozo de hondura una pica, del cual sale una fuente (...) y en tiempo de don Juan de Labrit algunas personas hallaron en aquel río oro en la arena”.

En 2009, un “buscador” de Elizondo se sorprendió al encontrar en un portal de subastas de internet la venta al mejor postor de una pepita de oro. Quizás fuera la última hallada “dans le secteur d’Arizkun (Aritzakun) dans la Vallée de Baztan (Pays Basque), ceci dans les années 1940” (creemos que huelga la traducción)”, con la que se había trabajado un colgante. Su peso alcanzaba los 5,90 gramos y la calidad aurífera se cifraba en 24 kilates.

La pieza, de acuerdo con lo que decía su vendedor, procedía de los “alluvions fluviatiles qui subsistent dans les cavités” del paraje de Aritzakun. El precio de partida en la subasta de aquella pepita de oro baztandarra parecía asumible aunque las sucesivas pujas al alza hicieron inalcanzable su remate, que acabó en los 457 euros, quién sabe si por algún interés particular por su procedencia. Allí donde se encontró, el arqueólogo Gilles Parent realizará ahora sus dos prospecciones, que pueden arrojar alguna nueva luz a una apasionante historia de siglos.


Fuente: Noticias de Navarra
Autor: Lander Santamaría


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